Alix-27 El demonio de Faros

Desde que a finales de los noventa los problemas en la vista de Jacques Martin le impidieron seguir siendo el autor de los dibujos en sus obras, la tarea de encontrar a un dibujante que supliese con dignidad al maestro se ha revelado como extremadamente complicada.
Reconoció en su día Martin que la inicial elección de Raphael Moralès se debió al hecho de que en ese momento era el dibujante que más involucrado estaba en el personaje y que más de cerca trabajaba con Martin por su labor en Los viajes de Alix y que la de Christophe Simon era, indudablemente, una mano más apropiada para llevar al papel las aventuras del galo-romano.

Uno de los álbumes que publicará NetCom2 en la próxima entrega de Alix es El demonio de Faros, tercero de los realizados por Simon para la serie y último publicado aunque para después del verano está prevista la salida a la venta de su cuarta aportación a la colección: La conjura de Baal.
NetCom2 ya nos ofreció hace unos meses otro álbum dibujado por Simon, El ibero, aventura totalmente insulsa, prescindible y carente de cualquiera de las señas de identidad que hacen atractivo a Alix para sus seguidores. En consecuencia, mis expectativas de disfrutar con la lectura de El demonio de Faros eran verdaderamente escasas.
Esto, que hace que a mucha gente le acaben gustando cosas mediocres por el simple hecho de no esperar demasiado, conmigo suele funcionar al revés y me predispone de un modo negativo. Lo tenía crudo El demonio de Faros, vaya.
Y, sin embargo, habré de reconocer que algo tendrá esta aventura cuando no sólo me hizo pasar un excelente rato con su lectura sino que me invitó, al poco, a una relectura.
Lo más relevante, en mi opinión, de El demonio de Faros es que recupera el planteamiento y el estilo narrativo de las grandes aventuras de Alix. Desde el primer momento transmite la sensación de estar leyendo un Alix como los de antes. Además, el dibujo de Simon (no demasiado cercano a la escuela Martin y tampoco muy “europeo”) con cantidad de primeros planos es muy apropiado para una aventura donde todo el mundo esconde algo y las reconstrucciones de los escenarios, sin ser tan abundantes como en otros álbumes, son también muy buenas.
Pero, aún y con todo, se sigue quedando lejos de la grandeza de la época dorada de Martin. Tenemos, por tanto, un Alix a la antigua usanza pero unos cuantos escalones por debajo que, eso sí, entretiene y mantiene el interés de principio a fin y hace pensar en un futuro algo mejor para la serie.

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