La delgada línea (clara)

Tengo la teoría de que en línea clara la distancia que separa lo aparente y vistoso de lo pobre y cutre es muy escasa y son pequeños detalles los que hacen pasar de un lado al otro de la raya.
Esto le sucede por ejemplo a Règric en su Enredados por el Mini, en el que sin solución de continuidad pasa de viñetas realmente buenas a lo De Moor a otras muy poco afortunadas que parecen obra de un aficionado.
Y es que una cosa es disfrutar de la elegancia y el deliberado y sutil toque naif de Floc’h y otra sufrir el dibujo de quienes se han intentado acercar a ese estilo sin tener capacidad para ello para acabar multiplicando lo naif de modo que su obra parece sencillamente dibujada por un niño.
En cualquier caso me soprende la gran aceptación que acaban teniendo mediocridades en un sector de aficionados cuya referencia clara es Hergé, que ejemplifica de un modo tan notable el concepto de perfección en un álbum. Cosas tan fabulosas como León el terrible aparecían junto a auténticas vulgaridades como El profesor Palmon (o Palmera, como se le llamó en una edición posterior de Juventud) en Cairo ahondando más en esa impresión mía de que para muchos aficionados a la línea clara vale más la apuesta por un estilo que la calidad.

Anuncios

El Lefranc irrepetible

Una vez completa la colección de los álbumes publicados hasta la fecha de Alix, la editorial Netcom2 continúa su labor de difusión de la obra de Jacques Martin publicando el resto de series en las que participó el maestro alsaciano.

Esto ha llevado a que con la publicación reciente de La guarida del lobo estén ya en la calle los cuatro primeros álbumes de Lefranc, cómics de enorme nivel todos ellos, que marcarían profundamente el devenir de la colección ya que el resto de aventuras que la componen palidecen en la comparación con las cuatro entregas iniciales.



La gran amenaza, El huracán de fuego, El misterio Borg y La guarida del lobo componen el indiscutible poker de ases de la colección y las obras predilectas dentro de la misma de casi todo aficionado a la serie.
Mi admiración se reparte entre todas por igual aunque si tengo que quedarme con alguna lo tendría complicado para elegir entre El huracán de fuego y El misterio Borg.

Quizás sea capaz de insertar una encuesta en la entrada de modo que también podáis elegir a vuestro Lefranc favorito entre los cuatro grandes clásicos…

… Y si algún otro álbum de la colección lo encuentras a la altura de éstos puedes dejar (en la propia encuesta si lo deseas) un comentario explicando lo que echas en falta.


Spirou Hors Série 3 – La Voix sans maître

Bajo la denominación Hors Série (fuera de serie) ha ido recopilando Dupuis a lo largo de varios álbumes diversas aventuras de Spirou que no aparecieron en la colección regular algunas por ser anteriores a las aventuras más largas que dieron título a los correspondientes álbumes y otras porque fueron pruebas (aunque publicadas en el semanario) o aportaciones excepcionales con algún fin concreto que no llegaron a “merecer” el ser llevadas a álbum en forma de historieta complementaria.
El álbum objeto de reseña va a ser permitir al lector conocer los (muy) primeros trabajos de diversos autores con el personaje; de este modo encontramos un par de historietas de Rob-Vel (incluyendo el “nacimiento” de Spirou) y el primer contacto con Spirou tanto de Nic como de Tome y Janry.

Aparte del interés casi arqueológico que puedan tener las dos historietas de Rob-Vel (La naissance de Spirou y Spirou et La Puce -esta última con colores restaurados-) lo más destacable del álbum es en mi opinión la pequeña muestra de Franquin en su edad dorada -una historieta corta titulada Fantasio et le siphon que viene a ser un Spirou y Fantasio meet Modeste y Pompon- y el debut de Tome y Janry con el personaje en La voix sains maître, lo más franquiniano de sus creadores.
Además aparecen otras historietas cortas de Tome y Janry, la última de ellas “póstuma” ya que data de 2.001, y la primera prueba que realizó Nic Broca antes de ponerse a los lápices de la serie principal.
Para el que suscribe, incondicional del personaje, este álbum hors série resulta una lectura extremadamente reconfortante ya que recorre, aunque en historietas de vocación menor, momentos fundamentales del personaje y además ofrece cuatro páginas inéditas de Franquin, el irremplazable genio que llevó a Spirou a la cima del tebeo europeo.

Si bien en otros casos (serie regular o serie paralela) podemos tener la esperanza de que en el futuro sea editado en castellano el material inédito en nuestro país, va a ser muy complicado que estos “fuera de serie” sean publicados por estos pagos. En próximas entradas iré comentando las otras tres entregas de que consta la serie, muy recomendable para cualquier fan del personaje.


Alix – El comienzo

Aprovechando la presencia de NetCom2 en el Salón del cómic de Barcelona y que en su stand van a poner a la venta algunos de los tan buscados primeros álbumes de Alix, daré mi visión sobre la primera etapa del personaje, la recogida en los tres primeros álbumes.


La particularidad de estos tres Alix (cronológicamente: Alix el intrépido, La esfinge de oro y La isla maldita) frente al resto de la colección es que no fueron concebidos, inicialmente, como aventuras completas sino que se fueron construyendo a base de entregas en la revista Tintín. No sería hasta La tiara de Oribal que el proceso pasase a ser el habitual: Una aventura que se fragmenta en entregas para la revista.
Este hecho hace que notoriamente en Alix el intrepido y de modo menos evidente en sus dos continuadores la aventura fluya a trompicones y en el caso del álbum mencionado constituya una sucesión de avatares con un hílo conductor no demasiado fuerte.
Menos deslavazado es el desarrollo de La esfinge de oro, aunque el sorprendente borrón y cuenta nueva argumental tras el primer tercio del álbum sea desconcertante mientras que esa sensación llega prácticamente a desaparecer en La isla maldita.
Estos dos álbumes contienen, desde mi punto de vista, aventuras con todas las de la ley a las que su gestación sobre la marcha no les quita ni un ápice de su valor como tales. Es más, La isla maldita se encuentra entre mis Alix favoritos.
También es notable la evolución del dibujo, desde un estilo realista de la época (años 40) en Alix el intrépido con abundancia de sombras y tramas hasta una muy academicista línea clara en La isla maldita, estilo que haría brillar con maestría Martin en el cuarto álbum, en esta ocasión ya concebido como tal.

Hay quien se ha sentido decepcionado por estas primeras aventuras de Alix, sobre todo por la primera. Pienso que es necesario poner en su contexto una serie de cosas antes de abordar estas lecturas: tiempo, modo de creación y significado del álbum. Aún así, yo les concedo bastante más valor del meramente arqueológico o del conocimiento completo de la serie, sobre todo a la segunda y tercera entregas que me parecen aventuras muy disfrutables.

Estos álbumes, agotados en su tirada inicial, se están revendiendo en los lugares habituales e incluso en librerías especializadas a precios elevadísimos, mucho más altos que su p.v.p. normal. Quien no los pudiese conseguir en su momento y tenga previsto visitar el Salón del cómic de Barcelona tiene ahora la oportunidad de hacerse con ellos sin ser víctima de abusos de especuladores.


El todo y sus partes

No soporto las reseñas que se empeñan en dividir (y calificar) una obra en lo que entienden que son sus componentes equivocándose en la base de lo que es un análisis de algo no científico y sometiendo su dictamen a una nota final que, aproximadamente, resultará de promediar los aspectos en los que le ha dado por desmenuzar dicha obra.
Y es que hay gente que nunca alcanzará a comprender que todos esos componentes que se se afanan en analizar y valorar no son nunca un fin en sí mismos sino que únicamente tendrán valor como parte de una unidad superior.
Por ejemplificar, si voy al cine me importa un pito que la banda sonora sea sublime o la fotografía excelsa si la película, como tal, es una castaña. Porque, sencillamente, habré ido a ver una película y no a escuchar música o a observar imágenes, que son cosas que están muy bien pero son distintas.

En el mundo del tebeo también pasa y con un ingrediente añadido además.
Un tebeo lo tenemos en nuestras manos, lo hojeamos, incluso lo olemos. Y todo ello, y en mi opinión, forma parte de aquello que da valor a una obra.
Por eso soy fan del formato álbum. Y por eso me gustan los álbumes de tapas duras y papel grueso (y mate a ser posible).
¿Alguien se atreve a decir que es lo mismo una edición Dupuis de Johan y Pirluit en álbum cartoné, increíble color y esa fantástica rotulación de textos que la la misma obra en colección Ole a tamaño reducido, con su terrible colorido y la mítica máquina de escribir de Bruguera?

Obviamente no es lo mismo, y el valor de esa obra para el usuario final, nosotros los lectores, es distinto. Y la capacidad de hacer disfrutar, que es de lo que se trata, también.
Y todo esto nos lleva a una conclusión muy sencilla ante el proceso de digitalización que está sufriendo el mundo de la edición de libros.
A un álbum podremos oponer versatilidad, comodidad, ahorro de espacio y todo lo que se quiera (y se invente) en un futuro en materia computeril, pero un álbum editado con calidad en todos sus aspectos nunca y de ninguna manera podrá ser igualado por formato digital alguno.


BD en España… ¿Una entelequia?

El otro día, en el foro de la BD, en un hilo acerca de Caroline Baldwin (serie muy de mi gusto y a la que pronto dedicaré una entrada) hablaba de los problemas comerciales que parecen sufrir la inmensa mayoría de publicaciones de BD en nuestro país. En el caso particular de Caroline se optó por una distribución más amplia de lo habitual, llevando la creación de André Taymans a librerías no especializadas en cómic e incluso a establecimientos de otro tipo.

Este experimento que sería en principio una buena idea sacando a la BD de su ghetto habitual en librerías especializadas, resultó un completo fracaso significando la interrupción de la publicación de la serie y el saldo de las existencias por la quinta parte de su precio de venta.
Podríamos hablar de los errores cometidos por la editorial (orden caótico, falta de numeración, lanzamiento a la brava de una serie desconocida en España,…) pero la cosa funcionó de la manera que funcionó.
En relación a la BD y por tipo de establecimiento las cosas son más o menos como sigue. En grandes almacenes en su sección de librería un surtido aceptable de Astérix, algo de Tintín y pare de contar. En librerías no especialistas puede aparecer algún álbum suelto más (no he visto colecciones completas a la venta nunca fuera de locales especializados) e incluso alguna que otra rareza gracias a que ha estado años y años en una estantería sin que nadie mirase para ella.
Es únicamente en librerías especializadas donde podemos encontrar lo que las webs y folletos de las editoriales (unas más grandes, otras casi de andar por casa) nos ofrecen mes a mes y un buen surtido de lo publicado en los últimos años.
Sin embargo, no deben ir demasiado bien las cosas en estos establecimientos cuando lo que se publica en España es una fracción de lo que sale en Francia y, lo que es peor, una gran cantidad de series son interrumpidas y olvidadas, normalmente de modo definitivo.
La conclusión es sencilla, el mercado de BD en España es muy reducido con lo cual las editoriales no están por la labor de meter ni un duro de más en él y miden extraordinariamente cada paso que dan con sus productos. Y dado que es un mercado poco importante, nada importa meter un batacazo a sus clientes en forma de promesas no cumplidas o poca profesionalidad en cualquiera que sea el aspecto.
Obviamente esto es un círculo vicioso del que es prácticamente imposible salir. Y si a ello añadimos el terrible peso del prejuicio que existe en este país que asigna sistemáticamente al tebeo la etiqueta de producto para críos o freaks, peor aún.
Pese a que de un tiempo a esta parte hay un relativo florecimiento de publicaciones, soy pesimista con respecto al futuro y salvo excepciones contadas y alegrías esporádicas pienso que el panorama de publicación de BD en España no cambiará a mejor.


James Healer

Para dar una razón de ser al subtítulo de este blog, daré un muy breve repaso a una serie de poco éxito y ya difunta que sin embargo y en mi opinión hubiese merecido más.
No es en absoluto intencionado, y desconzoco el porqué, que las series recientes que me resultan más entretenidas e interesantes sean habitualmente fracasos comerciales, al margen de que sean producciones marginales, valga la redundancia, o no.
En este caso, detrás de James Healer está el reconocido Yves Swolfs (Leyenda, Durango, El príncipe de la noche,…) en la realización del guión y Giulio de Vita en los dibujos.
Las historias (lamentablemente sólo dos, repartidas en los tres álbumes publicados) son policíacas y el protagonista, un blanco criado entre indios y poseído por el espíritu de un antiguo chamán, tratará con sus extraordinarias dotes de medium de aclarar los crímenes y misterios a los que se enfrenta ante el habitual recelo de los que le rodean. James Healer encarnará al bien en escenarios llenos de ambigüedad y de intereses ocultos que le llenarán, en todos los sentidos, de sufrimiento y amargura.
Merece ser destacada la enorme calidad del dibujo de Giulio de Vita, trabajado al milímetro para conseguir una excelente fluidez narrativa y espectacular en el trabajo de fondos y diseño de personajes que hace que el atractivo visual de esta obra sea innegable.

Personaje y planteamiento interesante, excelente dibujo… El caso es que el pobre James Healer tuvo un recorrido corto y de poco éxito en las librerías, lo cual no impidió que fuese traducido al castellano y publicado en España por Norma, que precisamente en estas fechas salda la colección que puede ser comprada a mitad de precio.
¿Lectura recomendada? Indudablemente, sí.