Los laureles del César

He vuelto a releer Los laureles del César hace poco y se me ha ocurrido escribir este post. En esta ocasión encontramos de nuevo a Astérix y Obélix en Roma (ya la habían visitado en Astérix gladiador) para cumplir una misión encargada por el jefe Abraracúrcix: nada más y nada menos que conseguir la corona de laurel de Julio César ¡para un estofado!Todo había empezado en Lutecia (ciudad que ya habían visitado en La hoz de oro y La vuelta a la Galia) al querer desafiar Abraracúrcix a su odiado cuñado Homeopátix. Para poder acceder al palacio de Julio, Astérix y Obélix deciden venderse como esclavos. Así se lo aconseja el esclavo griego Sopaprisis (que no mantiene el perfil de sus compatriotas de Astérix en los juegos olímpicos, quizá porque es un esclavo). De este modo, asistimos al bullicio del mercado de esclavos, donde éstos son vendidos como si fuesen frutas o pescados (“¡Bailarinas, bailarinas en su danza!=¡Sardinas, sardinas en su salsa!”). Tras varias discusiones y tortas de por medio, consiguen que Tifus, el proveedor de César, les venda a Claudius Cualquierus (creyendo que éste les conducirá a palacio). Aquí se nos presenta de forma ingeniosa y divertida la vida cotidiana de la alta sociedad romana. La documentación de Uderzo se puede observar aquí a la perfección (la arquitectura y el mobiliario son exactos de la época, así como todas las dependencias de la domus, versión urbana de las villas del campo.
Cualquierus presenta a su familia, que no es sino una parodia de las familias europeas de la segunda mitad del siglo XX: Sillalina, la esposa; Tibia, la hija a la última moda, y Graco, el juerguista nocturno. Una vez más Goscinny parodia la sociedad que él conoce trasladándose al mundo antiguo. Al darse cuenta de que no están en el palacio de César intentan por varios medios hacer que les revendan. Acusados de asesinato por el mayordomo Terminus, son encerrados en las mazmorras del palacio, pero aun así no consiguen encontrar la corona. Son llevados a juicio, en el cual Astérix hace una peculiar no-defensa de sí mismos con el fin de ir a parar a las fieras del circo, seguro de encontrar allí a César. Tras un banquete (observamos que en esta aventura Obélix se aficiona al vino), Astérix se entera de que César no estará en la ejecución, así que se niega a salir. Mientras tanto, un león impaciente se zampa al resto de las fieras para pesar del domador (que es una caricatura del actor francés Jean Richard). Se arma el caos en el circo y los galos, sin saber qué hacer, se unen a una banda de ladrones. De nuevo se encuentran con Graco, que borracho canta una versión antigua del Mummy Blue de los Pop Tops (jaja). Él les lleva hasta Terminus, que acaba de ser nombrado esclavo que coronará al César a su regreso. Llegan a un trato con el mayordomo: la corona de laurel a cambio de no volver a verles el pelo. El César es coronado finalmente con una corona de hinojo y Homeopátix puede probar al fin el ilustre estofado.

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5 comentarios on “Los laureles del César”

  1. Olrik dice:

    Muy bueno el escrito Diego.

    Otro buenísimo es “Ásterix y el Caldero” que he vuelto a leer hace poco, me he reido muchísimo con la parte del teatro, donde nuestros amigos se ven convertidos en improvisados actores, con ese director snob de arte dramático que hace teatro experimental y le pide a Obelix que diga una frase con mensaje para luego decirle que diga lo primera que se lo ocurra al concluir la función, se pone pálido primero y luego rojo del pánico escénico que tiene y suelta ” estos romanos están locos” delante de la concurrencia romana, levantándo las iras del tribuno allá presente y del público romano que los mandan a todos al circo a que se los coman los leones, me he reido a carcajadas, que risa, genial.

  2. dierex dice:

    Jajajaja ¡ es verdad! Ostia, qué buena es esa escena. Además es una parodia buenísima de los snobs y la cultura esa decadente y radical que se empezó a poner de moda en los 70 jajaja Y la carrera de cuádrigas también está muy bien (“¿Imposible? Esa palabra no existe, amigos”). Con la muerte de Goscinny se perdió mucho…

  3. dierex dice:

    Por cierto, estoy deseando leer tu artículo de la revista de netcom. Ya te he dicho que vales mucho para la literatura y el ensayo.


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