BD en España… ¿Una entelequia?

El otro día, en el foro de la BD, en un hilo acerca de Caroline Baldwin (serie muy de mi gusto y a la que pronto dedicaré una entrada) hablaba de los problemas comerciales que parecen sufrir la inmensa mayoría de publicaciones de BD en nuestro país. En el caso particular de Caroline se optó por una distribución más amplia de lo habitual, llevando la creación de André Taymans a librerías no especializadas en cómic e incluso a establecimientos de otro tipo.

Este experimento que sería en principio una buena idea sacando a la BD de su ghetto habitual en librerías especializadas, resultó un completo fracaso significando la interrupción de la publicación de la serie y el saldo de las existencias por la quinta parte de su precio de venta.
Podríamos hablar de los errores cometidos por la editorial (orden caótico, falta de numeración, lanzamiento a la brava de una serie desconocida en España,…) pero la cosa funcionó de la manera que funcionó.
En relación a la BD y por tipo de establecimiento las cosas son más o menos como sigue. En grandes almacenes en su sección de librería un surtido aceptable de Astérix, algo de Tintín y pare de contar. En librerías no especialistas puede aparecer algún álbum suelto más (no he visto colecciones completas a la venta nunca fuera de locales especializados) e incluso alguna que otra rareza gracias a que ha estado años y años en una estantería sin que nadie mirase para ella.
Es únicamente en librerías especializadas donde podemos encontrar lo que las webs y folletos de las editoriales (unas más grandes, otras casi de andar por casa) nos ofrecen mes a mes y un buen surtido de lo publicado en los últimos años.
Sin embargo, no deben ir demasiado bien las cosas en estos establecimientos cuando lo que se publica en España es una fracción de lo que sale en Francia y, lo que es peor, una gran cantidad de series son interrumpidas y olvidadas, normalmente de modo definitivo.
La conclusión es sencilla, el mercado de BD en España es muy reducido con lo cual las editoriales no están por la labor de meter ni un duro de más en él y miden extraordinariamente cada paso que dan con sus productos. Y dado que es un mercado poco importante, nada importa meter un batacazo a sus clientes en forma de promesas no cumplidas o poca profesionalidad en cualquiera que sea el aspecto.
Obviamente esto es un círculo vicioso del que es prácticamente imposible salir. Y si a ello añadimos el terrible peso del prejuicio que existe en este país que asigna sistemáticamente al tebeo la etiqueta de producto para críos o freaks, peor aún.
Pese a que de un tiempo a esta parte hay un relativo florecimiento de publicaciones, soy pesimista con respecto al futuro y salvo excepciones contadas y alegrías esporádicas pienso que el panorama de publicación de BD en España no cambiará a mejor.


James Healer

Para dar una razón de ser al subtítulo de este blog, daré un muy breve repaso a una serie de poco éxito y ya difunta que sin embargo y en mi opinión hubiese merecido más.
No es en absoluto intencionado, y desconzoco el porqué, que las series recientes que me resultan más entretenidas e interesantes sean habitualmente fracasos comerciales, al margen de que sean producciones marginales, valga la redundancia, o no.
En este caso, detrás de James Healer está el reconocido Yves Swolfs (Leyenda, Durango, El príncipe de la noche,…) en la realización del guión y Giulio de Vita en los dibujos.
Las historias (lamentablemente sólo dos, repartidas en los tres álbumes publicados) son policíacas y el protagonista, un blanco criado entre indios y poseído por el espíritu de un antiguo chamán, tratará con sus extraordinarias dotes de medium de aclarar los crímenes y misterios a los que se enfrenta ante el habitual recelo de los que le rodean. James Healer encarnará al bien en escenarios llenos de ambigüedad y de intereses ocultos que le llenarán, en todos los sentidos, de sufrimiento y amargura.
Merece ser destacada la enorme calidad del dibujo de Giulio de Vita, trabajado al milímetro para conseguir una excelente fluidez narrativa y espectacular en el trabajo de fondos y diseño de personajes que hace que el atractivo visual de esta obra sea innegable.

Personaje y planteamiento interesante, excelente dibujo… El caso es que el pobre James Healer tuvo un recorrido corto y de poco éxito en las librerías, lo cual no impidió que fuese traducido al castellano y publicado en España por Norma, que precisamente en estas fechas salda la colección que puede ser comprada a mitad de precio.
¿Lectura recomendada? Indudablemente, sí.


Alix-8 La tumba etrusca

A finales de los sesenta Alix era ya un personaje totalmente consagrado gracias a una serie que había brindado unas cuantas obras maestras y que de modo muy claro poseía unas señas de identidad que la hacían única.
Inquietudes sicológicas, atmósferas conspirativas y fabulosas reconstrucciones de los escenarios históricos son, en mi opinión, los componentes fundamentales de cada aventura. Posteriormente iría poco a poco Martin integrando además el desarrollo de tramas en torno a lo difusa y subjetiva que es en nuestro mundo la línea que separa el bien del mal y lo correcto de lo inapropiado dando lugar a la etapa conocida como de la sospecha.

En esta aventura de Alix, octava en la serie de álbumes, publicada en Tintín a partir de noviembre de 1.967 Martin compondrá una de sus más fantásticas obras de corte intimista mezclando a los héroes con personajes tanto históricos (apoteósico el infame Vedius Polion) como ficticios de no menor fuste y con un muy freudiano malvado a la cabeza.

El culto a Moloch Baal, ya presente en La isla maldita, y el ansia de poder de un presunto descendiente de los reyes tarquinios serán en esta ocasión los desencadenantes de la gran aventura, soberbia en todos sus aspectos y la mejor, en mi opinión, de toda la serie. Publicada en España hace cuarenta años por Oikos-Tau, NetCom2 nos la ofrece ahora con nueva traducción; en unos días estará a la venta.

Un álbum que no se puede perder ningún amante del cómic, una auténtica obra maestra.


Lefranc… Mon Dieu!

A finales del mes pasado salían a la venta los dos primeros álbumes de Lefranc editados por NetCom2. Gracias al tirón de Alix muchos lectores se animaron con esta nueva serie de Jacques Martin aunque para ellos fuese un personaje desconocido.
Esta primera entrega de Lefranc contiene una, en principio, acertada selección de álbumes, ya que nos ofrece el siguiente a lo publicado por Grijalbo en los ochenta (El objetivo) y el primero de la serie vintage iniciada hace un lustro (El amo del átomo) que deberían servir para una exitosa rentrée de un personaje importante de la BD en nuestro país.
Y, sin embargo, la reacción habitual está siendo de decepción y va a ser complicado que muchos de los lectores que se acaban de asomar al mundo de Lefranc repitan. ¿Qué es lo que ha fallado?

El error fundamental ha sido en mi opinión, y por contradictorio que parezca, la selección de títulos: Aventuras muy esperadas por aquellos que conocemos a Lefranc de la época Grijalbo pero que colocan al lector nuevo ante un personaje ya maduro y con una trayectoria y un tipo de aventura no demasiado común, es el caso de El Objetivo, o ante una aventura que intenta retomar con no demasiado acierto la senda clásica con El amo del átomo.
Por otra parte, se ha intentado vender la cercanía de Lefranc a otras series como Blake y Mortimer; error, y gordo. Si bien la serie vintage sí podría argumentalmente estar no demasiado lejos del duo inglés la serie actual se fue desmarcando en los años setenta de ese planteamiento y nos fue ofreciendo aventuras absolutamente rocambolescas y poco creíbles donde Guy Lefranc era una y otra vez capaz de salvar al mundo de males terroríficos. El realismo, la base científica y el desarrollo de personajes creíbles queda totalmente al margen de la pretensión de la serie. Esto no es ni bueno ni malo per se, pero evidentemente decepciona al que espera otra cosa.
Por contra, la serie vintage que pretende recuperar el estilo y el sabor de las primeras aventuras del reportero, unánimemente reconocidas como las mejores, sí está más próxima a la referencia que comercialmente se ha empleado, pero falla casi absolutamente en su propósito en su primer intento y consecuentemente también decepciona.

El otro día en un comentario me refería a lo acertado de la selección de títulos en la primera entrega sin pensar que yo sí he leído esos diez primeros álbumes pero que mucha gente no. Matizo entonces lo dicho y concluyo que comercialmente y para descubrir y despertar interés con la serie es una mala selección.
Comenzar la serie por el principio hubiese restado alguna venta ya que no todos los poseedores de los grijalbos se animarían a comprar de nuevo esos álbumes pero hubiese colocado a los nuevos lectores, que posiblemente sean más, con mucho más deseo de continuar la serie y, llegado el momento, en posición de valorar como se merecen aventuras que recibidas de sopetón y sin referencia previa son de difícil digestión.

El éxito de la siguiente entrega determinará el futuro de la publicación de la serie. No creo que sea insensato, si se está a tiempo, hacer un replanteamiento del orden de publicación y ofrecer al público la posibilidad de disfrutar de grandes obras y de la evolución de un personaje tal y como la concibió su autor.


voitures

Hay muchísimas cosas con las que la BD nos ha hecho disfrutar a lo largo de los años. Sin embargo, los diseños de vehículos estarán con seguridad grabados en todos aquellos que han echado un vistazo a algún tebeo franco belga ambientado en el último siglo.
Recreaciones magistrales de automóviles reales o fascinantes creaciones del dibujante, cuántas veces nos hemos quedado con la boca abierta ante una viñeta a la que hemos vuelto centenares de veces para seguir asombrándonos con sus increíbles voitures.


Alix-27 El demonio de Faros

Desde que a finales de los noventa los problemas en la vista de Jacques Martin le impidieron seguir siendo el autor de los dibujos en sus obras, la tarea de encontrar a un dibujante que supliese con dignidad al maestro se ha revelado como extremadamente complicada.
Reconoció en su día Martin que la inicial elección de Raphael Moralès se debió al hecho de que en ese momento era el dibujante que más involucrado estaba en el personaje y que más de cerca trabajaba con Martin por su labor en Los viajes de Alix y que la de Christophe Simon era, indudablemente, una mano más apropiada para llevar al papel las aventuras del galo-romano.

Uno de los álbumes que publicará NetCom2 en la próxima entrega de Alix es El demonio de Faros, tercero de los realizados por Simon para la serie y último publicado aunque para después del verano está prevista la salida a la venta de su cuarta aportación a la colección: La conjura de Baal.
NetCom2 ya nos ofreció hace unos meses otro álbum dibujado por Simon, El ibero, aventura totalmente insulsa, prescindible y carente de cualquiera de las señas de identidad que hacen atractivo a Alix para sus seguidores. En consecuencia, mis expectativas de disfrutar con la lectura de El demonio de Faros eran verdaderamente escasas.
Esto, que hace que a mucha gente le acaben gustando cosas mediocres por el simple hecho de no esperar demasiado, conmigo suele funcionar al revés y me predispone de un modo negativo. Lo tenía crudo El demonio de Faros, vaya.
Y, sin embargo, habré de reconocer que algo tendrá esta aventura cuando no sólo me hizo pasar un excelente rato con su lectura sino que me invitó, al poco, a una relectura.
Lo más relevante, en mi opinión, de El demonio de Faros es que recupera el planteamiento y el estilo narrativo de las grandes aventuras de Alix. Desde el primer momento transmite la sensación de estar leyendo un Alix como los de antes. Además, el dibujo de Simon (no demasiado cercano a la escuela Martin y tampoco muy “europeo”) con cantidad de primeros planos es muy apropiado para una aventura donde todo el mundo esconde algo y las reconstrucciones de los escenarios, sin ser tan abundantes como en otros álbumes, son también muy buenas.
Pero, aún y con todo, se sigue quedando lejos de la grandeza de la época dorada de Martin. Tenemos, por tanto, un Alix a la antigua usanza pero unos cuantos escalones por debajo que, eso sí, entretiene y mantiene el interés de principio a fin y hace pensar en un futuro algo mejor para la serie.