Archie Cash


¿Y este? ¿Quién es este macarra que otea con rictus de sospecha?
Muy pocos, nadie, o incluso menos que nadie sabrá contestar correctamente a la pregunta. Porque no, no es una versión dibujada de Charles Bronson como los más espabilados habrán pensado. Es… Archie Cash.
Y, la verdad, es que poco habré aclarado poniendo nombre al perdonavidas de arriba porque hoy es un personaje totalmente olvidado a pesar de haber sido un habitual de la revista Spirou durante más de quince años. Por tanto, situémonos.

Archie es un mercenario al servicio del ejército de Toro Toro, aunque pronto desertará y se dedicará a otro tipo de aventuras que involucrarán a dictadores, contrabandistas y todo ese tipo de gentuza que el tópico sitúa en cualquier pequeña república latinoamericana. Persecuciones, explosiones, mamporros y un poco de golferío se conjugan en ambientes sórdidos y por lo general mugrientos para poner en escena cada aventura.
Con dibujos de Malik y argumentos de Jean-Marie Brouyère el señor Cash conseguirá, a su manera, poner paz allá por donde pase tras pasarlas, eso sí, muy canutas.
A pesar de estar siempre en el filo de lo asumible por una revista de carácter juvenil y familiar como Spirou consigue ser un habitual desde su aparición, a primeros de los setenta hasta finales de los ochenta, cuando sería publicada su última aventura, Curare.
Todas estas apariciones en Spirou dieron lugar a quince álbumes publicados por Dupuis de los que en España llegamos a tener constancia de tres, publicados en los primeros ochenta por la editorial Rasgos.

La gracia de Archie Cash, sobre todo en sus primeras aventuras, hay que encontrarla sabiéndolo ubicar como producto de su época. Leyendo El maestro del terror y El carnaval de los zombies (los dos primeros álbumes aunque no sus primeras aventuras) vienen a la mente películas como Vive y deja morir y una estética psicodélico-groove fácilmente identificable.
Y, que queréis que os diga, a mí me gusta un montón.
Y sabiendo que es una serie que hoy caería de lleno en el campo de lo políticamente incorrecto y sería vilipendiada por censores envarados y encorsetadas mentes, me gusta aún más.

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Jijé

A pocas semanas de ser publicado por Ponent Mon el primer tomo del integral en blanco y negro de Jerry Spring, en el foro de la BD hemos tenido la gran suerte de recibir la visita y las aportaciones de Roman, nieto del artista.
En este hilo nos ha ido revelando datos personales de su abuelo así como información de primera mano.
Por ejemplo, el reciente descubrimiento de una aventura inédita de la etapa americana de Jijé con diversas curiosidades como un personaje que posiblemente inspiraría a Jijé en la creación de Jerry Spring o un beso final, al estilo película de Hollywood, cosa totalmente prohibida en Bélgica por entonces.
Información interesantísima la que comparte en el foro Roman y que nos hace conocer mejor la figura uno de los padres del cómic franco belga.


Lefranc-17 El amo del átomo

Hace unos años, y partiendo de una plancha completa y unos cuantos bocetos junto con un esbozo del argumento, se decidió retomar una aventura de Lefranc que Jaques Martin apenas había iniciado y que hubiese sucedido a La gran amenaza.
Para llevar a buen puerto la iniciativa se contó con el que quizás sea el más clásico de los dibujantes actuales, André Taymans -con la ayuda de Erwin Drèze y la colaboración de Thierry Cayman en los fondos- y se le encargó a Miquel Jacquemart el desarrollo de un guion con base en el material con que se contaba y algunos apuntes del propio Martin.

De este modo nace El amo del átomo, una aventura ambientada en la guerra fría que gira en torno a una intriga nuclear, y una delicia visual de estilo retro chafada por un argumento que promete muchísimo y se desmorona en el último tercio de la aventura.
Me cuesta creer que no hubiese mejor modo de cerrar una aventura planteada tan brillantemente y dibujada de un modo capaz de absorber y fascinar al lector durante gran parte de su desarrollo.
La sensación final es agridulce sabiendo lo que pudo haber llegado a ser este álbum. Si esas hojas perdidas se hubiesen encontrado quince años antes, con Martin aún en forma, estaríamos hablando de otra aventura soberbia, no tengo la menor duda.
La edición española, con las características habituales de las publicaciones de NetCom2, cuenta con una traducción de primer nivel, algo que no es nada fácil en las obras de Martin con las que es sencillo caer en la obviedad o en construir expresiones vacías si el traductor se atiene más a la letra que al espíritu.
En cualquier caso una obra de su inmensa calidad en tantos aspectos no deja de ser merecedora de un buen rato de disfrute con sabor clásico.
En fin, una buena aventura que podría haber sido gloriosa y que abre la puerta a la tendencia vintage actualmente predominante en la serie.


Lefranc-11 El Objetivo

Veintidós años, que se dice pronto, es el tiempo transcurrido desde que se publicó en España la anterior aventura de Lefranc y décima de la serie, Apocalipsis.
Ahora Netcom2 se atreve a recuperar la serie publicando, acertadamente, el undécimo álbum titulado El Objetivo junto con El amo del átomo, más reciente pero primero de la serie vintage.

En El Objetivo sigue el infravalorado Gilles Chaillet dibujando el argumento de Jacques Martin que en esta ocasión sumerge al reportero Guy Lefranc en una intriga de corte ecológico en la que un bailarín retirado accede casualmente a un documento revelador de actividades tóxicas y subrepticiamente lo hace llegar a Lefranc. Esto desencadena la investigación del reportero que, como es habitual en la serie, descubre una trama con implicaciones a alto nivel y de escala mundial.

El dibujo de Chaillet sigue la (excelente) línea de álbumes anteriores con un Lefranc ochentero de indudable encanto visto hoy y desde esta perspectiva igualmente calificable como vintage. A Chaillet se le pueden poner pegas, pero su dibujo, en conjunto, es de gran clase y muy apropiado para el personaje. La etapa de Chaillet en Lefranc me parece, en contra de la opinión generalizada, de muy buen nivel.

Con un nuevo Lefranc en la calle en dos meses (Les enfants du bunker, del que miscomicsymas nos adelanta su magnífica portada) y L’eternel shogun anunciado para 2.012 cabe preguntarse si nos podemos ir olvidando de Lefranc desbaratando intrigas globales en el siglo XXI, ya que ambos álbumes, igual que los tres que los preceden, están ambientados en la primera época del personaje.
Olvidar al Lefranc actual sería, en mi opinión, un error.


Arno, por Martin y Juillard

A finales de los 70 Jacques Martin empezó a concebir nuevas series históricas que serían dibujadas por otros artistas. Varias siguen vivas hoy (el mes pasado se publicó un nuevo álbum de Orion y la próxima entrega de Jhen está al caer) mientras que otras, por los motivos que sea, se han ido quedando en el camino.
A este último grupo (casi tres lustros han pasado desde el último álbum) pertenece Arno, serie que a lo largo de seis entregas nos narró las aventuras de un músico veneciano, Arno Firenze, en la época de las campañas de Napoleón.

En España fueron publicados por Glénat hace años los tres primeros álbumes de los seis que consta la colección en un recopilatorio que llamaron integral vaya usted a saber por qué.  Esa parte de la serie es la dibujada por André Juillard ya que en los siguientes álbumes Jacques Denoël llevaría los lápices.

Podríamos pensar en una nueva edición de Arno por parte de Netcom2, igual que están haciendo con el resto de la obra de Jaques Martin, pero no va a ser así ya que Arno fue publicado por Le Lombard y Netcom2 tiene los derechos sólo sobre el material de Casterman.

A pesar de que visualmente Juillard es bastante diferente al resto de habituales de Jacques Martin, las reconstrucciones y el ambiente no dejan de ser espléndidos y muy logrados y la obra (en sus tres primeras entregas que es lo que he leído) es totalmente Martin en el estilo de narración y composición.
Sin embargo y a pesar de que Martin estaba encantado con el dibujo de Juillard, éste abandona la serie debido a que estaba a disgusto dibujando a Napoleón, al que al parecer detesta, y llega un nuevo dibujante, Jacques Denoël, con un estilo distinto.

A día de hoy resulta realmente complicado hacerse con el (semi)integral de Glénat y no hay una reedición a la vista.  Y para ello sería, en  mi opinión, un muy buen momento dado el movimiento existente en torno a la obra de Jaqcues Martin gracias a Netcom2 y sumado al hecho de que André Juillard es un dibujante conocido y reconocido en nuestro país.


Seguidismo, etiquetas y a dónde va Vicente

España es un país seguidista, ya sabemos.
Alguien lanza una consigna y consigue que sea asumida como propia por muchísimas personas que no se preguntarán ni causas ni porqués; por incapacidad de hacerlo en algunos casos y por comodidad en la mayoría… Lo cierto es que no sabemos a dónde pero mientras nos lleven, vamos encantados.
La comodidad y la falta de interés por saber, conocer y entender no es nueva, por mucho que la LOGSE y la actual LOE se empeñen en fomentarla. “¡Que inventen ellos!” dijo Unamuno hace un siglo. Y vaya lo bien que caló el slogan.
Este borreguismo acomodaticio lleva a que seamos un país donde las etiquetas y los prejuicios abundan y deciden el comportamiento de una gran parte de los españoles (y las españolas, no sea que nos lea alguna ministra).

Abandonando por un rato a nuestro querido país y hablando a nivel general, hay que señalar que cualquier producto de consumo se encuentra supeditado a los gustos de la población con capacidad de compra, hoy por hoy prácticamente el 100% de la misma. Pero esto no ha sido siempre así.
Hace medio siglo, por ejemplo, no era general la posibilidad de ser consumidor de una gran cantidad de productos. Vamos a centrarnos en los más populares de índole más o menos artística y a traer a colación el más o menos generalizado consenso de la disminución de calidad que han ido sufriendo los mismos en los últimos tiempos.
¿Por qué la calidad media de las películas, por seguir concretando, de hace 50, 60 ó 70 años es, de forma absolutamente evidente, mucho más alta que la de las actuales?
Es muy sencillo, porque el público consumidor (o mejor dicho, con capacidad para consumir) hace medio sigo lo componía un sector de la población total con una cierta formación y un bagaje cultural bastante apreciable. Había muchísima población inculta, pero como no eran consumidores potenciales no se realizaban películas para ellos.
Como comentaba unas líneas más arriba, hoy casi el 100% de la población es consumidor en potencia. Y las productoras para conseguir rentabilidad realizan productos a la medida del consumidor. Del consumidor estándar actual. Y el resultado es el que conocemos.

Y ahora volvamos a España, trasladémonos al mundo del tebeo y metamos en una coctelera todo lo anterior: Un perfil de producto consumible junto con algunas etiquetas y unas gotas de prejuicios. Cerremos el recipiente y agitemos con autocomplaciente ignorancia.

Oigan, conozco unos cursos de francés muy buenos…


El secreto del Espadón – 3ª parte


El secreto del Espadón es mucho más de lo que le concede tanto sesudo censor para el que es poco menos que arqueología tebeística en el marco de una obra fallida.
Nada nuevo bajo el Sol; los autores emblemáticos de línea clara han sido habitualmente zurrados y vapuleados con variados argumentos y la mezquindad por denominador común. Un vistazo a esto sirve para evidenciar mi aseveración y ayuda a descubrir lo siniestro que alguno puede llegar a ser cuando decide quitarse la careta.
En el caso de Jacobs la somanta cae por varios frentes porque a los normalmente descontextualizados y sesgados argumentos de condición sociopolítica ha habido que unir ataques en los que se pretendía ningunear su valor en base a comparaciones precisamente con Tintín o a ocultos cánones de la historieta que, por lo visto, nos cuentan que lo que hacía el señor Jacobs no era de recibo.

Tanta idea preconcebida embutida conceptos generales de raíz maniquea cansa y, sobre todo, ya no cuela. Leed y disfrutad, amigos eruditos, y olvidaos un rato de etiquetas, corsés y, sobre todo, de pensar y opinar lo que creeis que los demás están esperando que penseis y opineis.
Si os veis capaces de conseguirlo, El secreto del Espadón es una obra muy apropiada para que empeceis a disfrutar con los tebeos.